Sigo sin noticias de Pastrami. Para colmo ando con quilombos en el laburo. Bueno, no son quilombos, es laburo, mucho laburo. La oficina esta a reventar de solicitudes, mi jefe anda como loco porque los números parece que no le cierran ( sobre todo por que él se debe quedar con un interesante vueltito para si mismo) y está insoportable. Ultimamente ni los quesillos lo ablandan.
Volviendo a la quebrada, Sandrita no ha vuelto a abrir la boca. El otro día me pareció verle el labio hinchado y le pregunté, sutilmente, si algún bicho la había picado.
Sin siquiera mirarme respondió con evasivas. Se la ve tristona ultimamente. Antes de irme le dije si no tenía nada para mí y dijo solo “NO” a secas. Pensé en preguntarle por Pastrami pero supe que sería en vano.
Eso fue hace dos semanas o quizás tres. No tengo tiempo ultimamente para preocuparme por Cecilio.
Ayer estuve revisando los papelitos que me dió y pude rescatar dos o tres cosas. La mayoría de las cosas son inentnedibles o directamente incoherentes, otras son ridículas. A pesar de mi cortedad con la literatura creo que puedo reconocer el estilo de Cecilio y estos papelitos, estoy bastante seguro, no fueron escritos por él.
Me pregunto si no será la quesillera la autora...
Igualmente transcribo algunos medianamente entendibles. El autor (por ahora) es anónimo:
“La iguana-rana me contó
el secreto prohibido
de la belleza de las bestias
y de la mujer dormida”
“Mira hacia arriba
Mira las ramas que encadenan
nuestra línea
con el universo”
“Me paro frente a ese gigante que es el bosque
y tiemblo
Me paro dentro de esa nube que es el bosque
y vuelo”
“Quisiera saber dónde está ese camino,
esa ruta de día gris olvidada
de suspiros en el aire
suspendida con la que sueño”